SEGUNDOS PREMIOS TOLSTOYANOS EN SAN BERNARDO: COMO REVIVIR UNA COLONIA NECESARIA PARA LA CULTURA Y LAS ARTES DE LA CIUDAD
Crónica de Andrés Latorre,
escritor y profesor de Historia y Geografía.
*Artículo cien por ciento intelecto humano.
El día sábado 30 de mayo, se celebraron las segundas versiones de los Premios Tolstoyanos en la sede del Rotary Club de San Bernardo, que contó con la presencia de Wladimir Shchekvnov, representante de la Embajada de Rusia en Chile y Olga Loshmanova, coordinadora de la Casa de Rusia, para homenajear el destilado artístico de la ciudad, una labor siempre delicada porque las heridas suelen producirse con este tipo de reconocimientos. Así también, las gratitudes se acumulan y dejan sensaciones alegres de que existen ojos vigilantes, observando y sintiendo orgullo por estas expresiones que nos hacen tan humanas, tan humanos: completa paradoja.
Fui invitado para escribir este evento. Llegué desastrado, sin muda de ropa y con un pantalón que jubilé el día domingo porque no resistía más otro uso. Eso tiene la explicación que del día de los Patrimonios en el cerro Chena –necesitaba comodidad–, me movilizaron hacia el lugar de la celebración, en el hall de los Rotarios, amplio, como si fuera un salón de baile, o así lo imaginé, bailando tonadas poco alegres, porque el ritmo está secuestrado, como si tuviera un soneto sin música, pegado como taco al talón por una ausencia que me quita el aire de no tener. Un salón amplio para cobijar cientos de personas: – aquí caben 300 personas– según mencionaba una asistente que mi oído atento robo para plasmar en este comentario.
¿Y qué tendrá que ver Tolstoi con San Bernardo?
¿Y qué tendrá que ver Tolstoi con San Bernardo? Nada y todo, porque no es necesario que la literatura tenga que ver con uno u otro asunto. Las manifestaciones artísticas tienden puentes, reconstruyen relieves y se superponen como pañuelos para acercar un valor que es universal, sea en la ciudad de la maestranza ferroviaria de Chile y con el escritor pacifista, paradójico anarquista y profesor ruso –labor casi siempre olvidada– como ejemplo. Por supuesto, siempre hay algo que ver: la Colonia Tolstoyana fundada por Augusto D’Halmar, Fernando Santiván y Manuel Magallanes Moure, el artífice que sitúo en San Bernardo la práctica comunitaria de los principios filosóficos de Tolstoi.
Actualmente, estos premios son la muestra del renacer y continuidad en la Nueva Colonia Tolstoyana, de las manos de diferentes organizaciones: Rotary Club de San Bernardo, Corporación Patrimonial Población Obrero Ferroviaria, San Bernardo Radio, Cámara de Comercio de San Bernardo, Agrupación de Folklore de San Bernardo, Agrupación Literaria ATENEO, Rotary Club Sur, Cafetería Mol Plaza, Boris Chiffelle del Proyecto Colonia Tolstoyana y la Fundación Profesor José Recabarren, junto con la escultura de Lev Tolstoi de semblante severo y suavizados contornos, propias de la impronta escultórica del artista y profesor José Recabarren Apablaza, gracias al montaje de Evelyn Recabarren Oroz, directora ejecutiva de la Fundación.
La organización fue excelente y se destaca el sentido de producir camaradería por sobre los discursos, dejando claro que eran homenajes por la labor realizada y no tarimas para goces personales. La ceremonia conducida por el destacado poeta, escritor, artista visual y gestor cultural, Leo Lobos Lagos, jefe de Proyectos de la Fundación Recabarren, fue distendida y sin los rigores protocolares de un país sin reyes, por lo que acercó estos premios, al sentido de comunidad de Tolstoi.
Las y los premiados, en distintas áreas de la cultura y las artes de San Bernardo, fue variada y por ello, inclusiva, no en el sentido de los discursos del merchandising político, más bien al real sentido que tender puentes, labor de ingeniería invisible de las expresiones artísticas: patrimonio material e inmaterial, folklore, historia, documentación, punk rock, pop, feminismo, circo teatro, grupos corales, orquestas sinfónicas, difusión, etc., fueron destacadas en esta ceremonia que tuvo momentos de emoción, en especial, con el premio tolstoyano póstumo al destacado artista y folclorista sanbernardino, Arturo García Araneda y el discurso de la premiada tolstoyana, Elena Valdivia Silva, Premio Margot Loyola 2018 y, en especial, la interpretación de la soprano Ingrid Leyton del Teatro Municipal de Santiago, que convirtió el aire, con su voz, en una textura palpable.
La duración fue de una hora y media, un tiempo preciso y más que suficiente (para que tomen nota otros premios) donde la importancia radica en el sentido de comunidad y de engranaje –símbolo de los rotarios– esta vez, cultural, más que en la aburridísima actitud de destacar y que puede ser suplida con un par de redes sociales para goces personales. Y se percibió: en las sonrisas, en los parabienes, en las felicitaciones y el apoyo entregado por las y los asistentes, mientras disfrutaban de la atención de garzonas y garzones, comiendo un trozo de torta para endulzar las corazas, o bebiendo espumante, jugos y algo de vino.
Finalmente, me quedo con un concepto emitido por Víctor Mol, una de las cuerdas importantes de la Nueva Colonia Tolstoyana: “Revolución Cultural. Cómo profesor de Historia, no pude evitar pensar en Mao. Sin embargo, después de eso, comprendí que esas “revoluciones” comienzan con actos como estos, de entrega y agradecimiento no tan sólo para fortalecer las ganas creativas de cada premiada y premiado, también para fortalecer la pertenencia a un lugar, una ciudad, San Bernardo, en tiempos inciertos donde el desarraigo atraviesa el corazón de muchos.
Mis felicitaciones personales a Marcelo Mallea por ser un premiado tolstoyano, por su labor difusora, histórica y, por sobre todas las cosas, pedagógica. Tolstoi, brindaría contigo.