Por: Marcelo Mallea H.
El espíritu de la aristocracia santiaguina de principios de siglo vive en cada rincón de este lugar. Un oasis donde las tierras cultivables se extienden bajo la sombra de árboles centenarios. Aquí, acequias cristalinas murmuran historias de antaño, mientras majestuosas casas-quinta y vastas haciendas completan el cuadro de una época dorada.
Me refiero a “El Mariscal”, la residencia que fue de José Joaquín Prieto, presidente de la República entre 1831 y 1841. Entre sus muros se tejieron historias de poder y se tomaron decisiones trascendentales para el país. Más tarde, en 1874, la señora Mercedes Ignacia Tocornal Velasco, viuda de Manuel Antonio Tocornal Grez, le dio nueva vida a sus elegantes salones. Entre sus paredes se respira la esencia de una época de esplendor y sofisticación.
Una reja de hierro forjado, con las imponentes iniciales del ex presidente grabadas en su superficie, custodia la entrada.
Allí, entre las últimas tierras fértiles de la provincia, se esconde un refugio de la memoria. Un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, y donde el trazado original del pueblo, modestamente dibujado por don Domingo Eyzaguirre, aún se puede apreciar.
Valiosos tesoros deslumbran a historiadores e investigadores que dieron cuenta de la visita del canónigo Juan María Mastai-Ferreti (nacido como Giovanni Maria Giambattista Pietro Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti Sollazzi), a la hacienda “El Mariscal”, en 1824 (recordemos que San Bernardo se fundó en 1821 y que O’Higgins abdicó en enero de 1823)
En una época convulsa, marcada por la reciente independencia y la pugna entre gobiernos republicanos y monárquicos, Mastai asumió la misión de reconstruir los puentes rotos entre el papado y el gobierno chileno.
En Santiago, la comisión fue recibida con júbilo por el cuerpo diplomático, en una mesa con más de doscientos manjares: “los platos, las copas, y toda la vajilla de la mesa, fabricada en Londres, llevaban escrito encima en letras de oro el nombre de los lugares en que los chilenos habían triunfado de los españoles, a fin de que tuviesen siempre presentes estas victorias suyas, y las glorias de su patria” – describe el libro de Domingo Faustino Sarmiento.
En la capilla de la hacienda “El Mariscal” presidió una misa. Aún se conserva una fotografía firmada y enviada por él desde Roma en el altar mayor.
Permaneció en Santiago hasta el 19 de octubre de 1824, antes de continuar su travesía hacia Valparaíso, en carruaje.
Pasaron los años y el Cardenal Juan María Mastai-Ferreti se convirtió en el Papa Pío IX, más conocido como “Pío Nono”, en 1846. Su pontificado fue uno de los más largos de la historia; hasta 1878.
“Pionono” es un dulce de pequeño tamaño hecho con un bizcocho borracho enrollado sobre sí mismo y coronado con una crema tostada, creado en su honor por el repostero español Ceferino Isla González.
En sus bendiciones siempre estaba la frase; “Beati chilensis qui manducant charquicanem”, que significa “Benditos sean los chilenos que comen charquicán”